lunes, 15 de septiembre de 2014

Viaje a Finlandia (II) - Laponia

Ártico, sol de medianoche, naturaleza salvaje, renos, antiguas culturas...

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Uno de los eventos más impactantes para los que siempre hemos vivido en lugares lejanos al Círculo Polar Ártico es sin duda alguna el Sol de medianoche. No todas las personas agradecen tener la luz del sol de forma ininterrumpida durante varias semanas, debido a las posibles dificultades para conciliar el sueño, pero en mi caso es algo que he disfrutado. Nada que no se arregle con un antifaz para dormir.

Centro de Rovaniemi
Llegamos a Rovaniemi el 9 de julio, fecha aún perfecta para disfrutar de este fenómeno. Tras recoger el coche que nos permitirá recorrer Finlandia de norte a sur, hacemos una breve y "obligada" parada en el turístico Santa Claus Village construido justo encima de la línea del Círculo Polar Ártico.

Marca del Círculo Polar Ártico
Visitamos la principal ciudad de la Laponia finlandesa, Rovaniemi, donde además de poder abastecernos y hacer compras para los próximos días, disfrutamos de Arktikum, un centro de interpretación muy interesante para conocer mejor el Ártico, tanto en sus aspectos puramente científicos como culturales y climáticos.

Salimos de Rovaniemi camino al centro turístico de Levi, algo más al norte, donde permaneceremos dos días aprovechando las bellezas de los alrededores, paseos en bicicleta y, sobre todo, nuestra primera experiencia con el sol de medianoche.

Primeros avisos
Por el camino empezamos a encontrar los primeros carteles avisando de la presencia de animales (renos) por la carretera. En efecto, al poco tiempo empezamos los primeros encuentros.

Las horas pasan, la tarde llega, pero no la noche. Todo parece indicar que en un rato el sol se ocultará pero sigues observando los rayos del sol iluminando la ladera del monte Levi.

Nuestro primer amigo
Aprovechamos para dar un paseo alrededor de las 0:00 horas y la situación es bastante asombrosa: ciudad desierta, casi parece un poblado fantasma debido a la hora que es, pero el sol nos hace pensar que estamos en otro momento del día. A pesar de la enorme presencia de mosquitos decido cargar con el equipo fotográfico y acercarme al borde de un lago (hay para elegir).

Ya es aproximadamente la 1:00 AM y el sol se encuentra delante de mí, al otro lado de la orilla. Tengo que inmortalizar este evento. Los mosquitos me rodean a miles y no hay repelente que aguante. Me encierro en el coche preparando los encuadres, exposiciones, balances de blanco, filtros y todos los demás detalles para no ser devorado. De esta manera estaré expuesto lo menos posible a sus ataques durante las tomas.

Los mosquitos no son impedimento para seguir con mis fotos

Acabo la batalla con los mosquitos y me llevo muchos desagradables recuerdos en mi piel, pero también varios tesoros. Regreso a las calles de Levi y me encuentro la fauna salvaje que recorre las calles con total tranquilidad buscando algo de comida aprovechando la ausencia total de vehículos y personas (menos yo, claro). Hay que reconocer que los renos son bastante apacibles y bien acostumbrados a la presencia del hombre. Lo acompaño durante unas calles hasta que él decide que ya no quiere mi compañía. Me voy al hotel a pasar la "noche". Antifaz para la luz y a la cama.

Vistas desde el Monte Levi

La siguiente noche tarde decidimos subir a la cima del monte Levi (531) para ver el sol nuevamente. La vista es espectacular. La cálida luz del sol a poca altura ilumina los bosques, ríos y lagos a 360º alrededor de nosotros. Laponia en todo su esplendor. Poca presencia humana y vida salvaje hasta el horizonte. A esta altura los mosquitos no están y se agradece. Puedo disfrutar de la vista sin agobios. Durante el regreso nos volvemos a cruzar con más renos que vagan tranquilamente por las laderas del Monte Levi.


Desde el Monte Levi se ve cómo la naturaleza conquista el territorio.




Es hora de emprender el viaje hacia el Norte. Dejamos Levi y a los pocos kilómetros descubrimos que la carretera deja de estar asfaltada. Tememos habernos equivocado, pero el navegador nos confirma que vamos por el camino correcto. Durante mucho tiempo circulamos por una pista de tierra, que más parece sacada de un videojuego de rally, pero es así. Nuestro asombro empieza a convertirse en disfrute. Realmente estamos lejos de ciudades e incluso pueblos que justifiquen una carretera asfaltada. Un auténtico espectáculo. Llegamos a Inari, donde visitamos el Museo Siida dedicado a la cultura Sami. A parte de las distintas e interesantes áreas que componen el museo, hay una parte exterior donde se encuentran edificaciones y explicaciones sobre el estilo de vida de ese pueblo.
Adiós asfalto. Este será nuestro camino durante bastante tiempo.

Vistas sobre el Lago Inari
Esa tarde decidimos también aventurarnos en los caminos más remotos y despoblados de la Laponia profunda y decidimos dirigirnos hacia la frontera rusa. Nuevamente las carreteras se convierten en caminos y una tormenta se nos echa encima. Una auténtica aventura que culmina en unos bosques que marcan las franjas fronterizas entre los dos países. No podemos continuar, por lo tanto decidimos regresar unos kilómetros para cruzar el río e intentar "perdernos" algo más.
La lejanía de todo rastro de presencia humana aumenta. No hay nadie a muchos kilómetros a la redonda. Estamos ya en los bosques fronterizos. Esa absurda línea imaginaria que se inventa el ser humano no nos impide dejar el coche y caminar un rato hacia al bosque. No sé si llegamos a entrar en Rusia o no. Sinceramente no es relevante, pero esa sensación de estar lejos del mundo "civilizado" fue muy estimulante.

En los lugares más remotos. Bordeando las bosques fronterizos con Rusia.

Ellos deciden cambiar de camino
Iglesia ortodoxa de madera
Regresando a Ivalo para cenar descubrimos una encantadora y pequeña iglesia ortodoxa dentro de un bosque. En Ivalo descubrimos algunos platos de cocina típica de Laponia con deliciosas recetas a base de reno o salmón, entre otras cosas. Nuestro coche mantiene las marcas de nuestro camino en forma de barro adherido a la carrocería.


A partir de Inari (69º N) empezamos ya el viaje sentido Sur hacia Helsinki. Por el camino disfrutamos de una pequeña población, pero con mucha actividad turística todo el año; Saariselkä. En esta época nos llamó la atención la gran presencia de motocicletas que hay en la población. Sin duda parece ser una parada habitual de la más clásica y mítica de las rutas moteras de Europa; la Cabo Norte.

Saariselkä. Centro con gran presencia de motos. Aquí junto a la oficina de Santa Claus.


Ciertas zonas están realmente despobladas y puede transcurrir mucho tiempo hasta encontrar un rincón para tomar un café, comer algo o llenar el depósito.








Tras muchos kilómetros encontramos un pequeño supermercado y una vieja gasolinera. Suficiente para continuar.

Continuando a Sur tendremos ocasión de conocer otros lugares y paisajes de interés, cruzaremos nuevamente el Napapiiri o Círculo Polar Ártico y empezaremos la segunda parte del recorrido, donde la gran presencia de lagos, puentes e islas marcarán el paisaje, pero eso será en otro artículo.



Camino al Sur aún nos encontramos los renos. Auténticos amos de la carretera. Aquí aprovechando para un autorretrato.

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Equipo utilizado:
  • Nikon D5100
  • Nikon D3200
  • Tamron SP AF 17-50mm F/2.8 XR Di II VC LD Aspherical [IF]
  • Tamron SP AF 10-24mm F/3.5-4.5 Di II LD Aspherical [IF]
  • Tamron SP AF 70-300 F/4-5.6 Di VC USD
  • Lightroom 5.6 for Mac

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